Foto: Gilberto Jara

Ayer se realizó la actividad principal del Carnaval de Cajamarca, el ya tradicional Corso de Carnaval, día en que todos los disfraces pasan haciendo gala de su colorido e imaginación, día en que todos firmamos que nuestra región debe ser denominada “Capital del Carnaval Peruano”.

Sin embargo, este año pese a los esfuerzos de algunos, la actividad principal, el Corso, se vio empañada por una mala organización y una serie de detalles que terminaron con la magia dando pie a la indignación.

Para empezar la hora de inicio fue lo que presagiaba el desastre, pasaron las 12 del día y el evento aún no empezaba, por los alrededores se veía a pequeños y jóvenes exhaustos bajo un inclemente sol esperando su turno para empezar, y sí, algunos llegaron a las ocho de la mañana y desfilaron a las seis de la tarde.

Lo tardío del inicio generó que el evento termine tarde, casi las ocho de la noche y nadie del patronato se quedó a ver a los que a oscuras aún desfilaban, hasta el propio alcalde se retiró antes de ver pasar a todas las delegaciones.

Este corso debe servir para darnos cuenta que el camino a convertirnos en la capital del carnaval peruano requiere de todos, pero quienes dirigen este camino, deben ser personas que conozcan sobre turismo, gente comprometida que deje de lado la improvisación y sobre todo gente con apertura, que no se crean dueños de la verdad y se encierren en una burbuja para organizar el carnaval.


El alcalde Manuel Becerra ya habría tomado una decisión, analizando fríamente el corso que vivimos ayer y que lejos de generar alegría, generó fastidio e ira.