Por: Jaime Abanto Padilla, Editor del Diario Panorama Cajamarquino

Directora de la Dirección Desconcentrada de Cultura, hace lo indecible por salvaguardar el centro histórico de Cajamarca, funcionarios municipales proponen creación de centros de diversión nocturna

Mientras Carla Díaz, directora de la Dirección Desconcentrada de Cultura, hace lo indecible por salvaguardar el centro histórico de Cajamarca de los desmanes y tropelías que cometen los mismos propietarios en contra del patrimonio de los cajamarquinos, Julio La Torre Cabanillas, Sub Gerente e Gestión del Centro Histórico quiere “modernizarlo” y sembrarlo de discotecas.

Ha dicho que el Ministerio Público, el Ministerio de Trabajo, el área de licencias del municipio… “complejizan” el funcionamiento de bares, cantinas y discotecas ubicadas en el centro histórico de Cajamarca, es decir, es un paladín de los antros, el Zorro de los lugares de mala muerte en donde sucede de todo y que además funcionan sin licencia.

Asegura que hay muchas casonas del centro histórico cuya única manera de ponerlas en valor es convirtiéndolas en discotecas y ha centrado su gestión en canalizar que en estos lugares se dé una buena atención a los turistas y residentes en Cajamarca que frecuentan a estos lugares.

Políticas equivocadas y erróneas como estas hacen que ciudades como Loja o Machala de Ecuador, nos lleven años luz con el tratamiento de su centro histórico. Que ciudades como Cartagena en Colombia o La Paz Bolivia se sientan orgullosas de sus raíces mientras nosotros buscamos convertirnos en el eco absurdo de quienes han hecho del centro de sus ciudades lugares de “modernidad”.

La definición oficial de un centro histórico se dictaminó en la ciudad ecuatoriana de Quito en 1978 por la Unesco, con el objetivo central de conservar las viejas estructuras urbanas de las ciudades latinoamericanas cuyo deterioro se ha dado a causa de los fenómenos naturales como terremotos e inundaciones, indiferencia de las autoridades locales, así también por la ignorancia de la población civil en su afán de modernizar las ciudades, algo que probablemente el arquitecto La Torre desconoce.

Parece que hoy la conceptualización de centro histórico está bipartita, mientras la Dirección Desconcentrada de Cultura tiene una, la Municipalidad de Cajamarca tiene otra y ambas reman en distintas direcciones. Obviamente una en el sentido adecuado y la otra en un sentido absolutamente equivocado. El centro histórico tiene que respetarse por un asunto de identidad, de lógica, de sentido común… no podemos seguir pensando que se puede convertir en un lugar atiborrado de discotecas, bares o cantinas… El centro histórico va más allá, es la esencia de nuestro origen y nuestra historia irrepetible y trascendente en el tiempo y en las generaciones venideras.